Cada vez es más común observar cotorras sobrevolando barrios y jardines, un fenómeno que llama la atención por su colorido plumaje y su comportamiento ruidoso. Estos avistamientos no solo son curiosos, sino que también reflejan la capacidad de estas aves para adaptarse a entornos urbanos y suburbanos.
Las cotorras suelen moverse en grupos y buscan zonas donde haya alimento, refugio y espacios seguros para anidar. Su presencia indica que el lugar ofrece condiciones atractivas para su supervivencia, lo que a su vez puede ser una señal de un ecosistema urbano relativamente saludable.
Además de su valor estético y sonoro, estas aves cumplen funciones ecológicas importantes. Participan en la dispersión de semillas y contribuyen a la propagación de algunas especies vegetales, ayudando a mantener el equilibrio de la flora local. Observarlas también permite estudiar cómo especies adaptables interactúan con los entornos modificados por los humanos.
Si bien algunas personas pueden preocuparse por posibles daños o la proliferación de especies exótica, la realidad es que las cotorras encuentran nichos seguros en ciudades y pueblos donde la disponibilidad de alimento es constante y carecen de depredadores naturales.
Por lo tanto, la presencia de cotorras cerca de casas y jardines puede considerarse un fenómeno positivo, una oportunidad para disfrutar de la biodiversidad local y un recordatorio de la resiliencia de la naturaleza ante los cambios provocados por la urbanización.
Con información de: TN









