En vísperas del Año Nuevo, una tradición curiosa ha ganado terreno en hogares de varios países: colocar una llave dentro de un vaso lleno de lentejas durante la noche del 31 de diciembre como símbolo de buenos augurios y abundancia para el año entrante. La práctica se repite tanto minutos antes de la medianoche como durante la cena familiar, y mezcla elementos con fuerte carga simbólica.
Las lentejas son un alimento históricamente asociado con la prosperidad y la estabilidad económica, probablemente por su valor nutritivo y por la creencia de que representan la llegada de recursos y bienestar. Por ello, figuras este ingrediente en rituales de cierre de año se interpreta como un deseo de asegurar abundancia material en los meses venideros.
Por su parte, la llave simboliza la apertura de caminos, el acceso a nuevas oportunidades y la llegada de soluciones ante desafíos. Al introducirla en un recipiente con lentejas, quienes realizan este gesto buscan unir ambos significados: abrir la puerta a la prosperidad a partir del primer día del nuevo ciclo.
La elección del 31 de diciembre como momento para efectuar el ritual no es casualidad. Culturalmente, esta noche representa el cierre de un ciclo y la bienvenida a otro, un punto de transición en el que muchas personas reflexionan sobre logros, deseos y metas por cumplir. Por ello, acciones simbólicas realizadas en ese momento son consideradas especialmente potentes para atraer lo que se espera alcanzar en el año entrante.
Aunque no existen fundamentos científicos que avalen beneficios concretos de este tipo de prácticas, el valor de la tradición radica en la intención y la esperanza que genera en quienes la ejecutan. Para muchos, gestos sencillos como este ayudan a iniciar el año con una mentalidad enfocada en la abundancia, la prosperidad y las nuevas oportunidades.
Con información de: TN









