En medio de una era dominada por la tecnología, una comunidad en Greystones, Irlanda, ha decidido ir contracorriente con un experimento social que apuesta por una infancia lejos de las pantallas. La iniciativa, impulsada por familias, escuelas y actores locales, busca retrasar el acceso de los niños a teléfonos inteligentes hasta la etapa de secundaria, promoviendo un desarrollo más saludable y equilibrado.

El proyecto, conocido como “Se necesita una comunidad entera”, propone un acuerdo voluntario entre padres para evitar la presión social que empuja a los menores a tener dispositivos a edades tempranas. La estrategia se basa en una acción colectiva: si la mayoría de los niños no tiene smartphone, disminuye la ansiedad por encajar o seguir tendencias digitales desde pequeños.

La iniciativa surgió tras detectar señales preocupantes en la salud mental de los niños, especialmente después de la pandemia, cuando docentes comenzaron a notar problemas de ansiedad, dificultades de concentración, trastornos del sueño y exposición a contenidos inapropiados en internet. Frente a este escenario, la comunidad optó por fomentar actividades al aire libre, encuentros sociales y espacios libres de tecnología.

A tres años de su implementación, el impacto ya es visible: la presión social ha disminuido, los niños pasan más tiempo fuera de casa y los padres se sienten respaldados en una decisión que antes parecía individual. Aunque no se trata de rechazar la tecnología por completo, el objetivo es claro: devolverle tiempo y calidad a la infancia antes de que las pantallas ocupen un lugar central en sus vidas.

Con información de: Xataka

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