Durante años, los monos japoneses que se relajan en aguas termales fueron vistos como una postal invernal casi turística. Sin embargo, la ciencia acaba de darle un giro a esta imagen: ese comportamiento repetido por décadas no solo les ayuda a soportar el frío, sino que está generando cambios reales en su biología.

Lejos de ser una reacción instintiva, el uso de las aguas termales es una conducta aprendida y transmitida dentro de los grupos. Los macacos recurren a estos baños para reducir el ęstrés provocado por las bajas temperaturas y conservar energía, lo que les da una ventaja en entornos climáticos extremos.

Investigaciones recientes revelan que esta costumbre influye en la relación de los animales con los parásitos y microorganismos. Aunque el baño no elimina por completo los parásitos externos, sí modifica su distribución corporal y, de forma más significativa, altera la composición de bacterias en su sistema digestivo, evidenciando cambios en su microbioma.

Uno de los hallazgos más llamativos es que compartir las aguas calientes no incrementa la propagación de infecciones intestinales, como se podría suponer. Esto sugiere que el impacto del hábito es más complejo y menos negativo de lo esperado, reforzando la idea de que ciertas prácticas sociales pueden convivir con la salud biológica.

Este descubrimiento refuerza una noción clave para la ciencia: los comportamientos repetidos a lo largo del tiempo pueden moldear el cuerpo y su funcionamiento. El caso de los monos japoneses abre nuevas preguntas sobre cómo las costumbres, tanto animales como humanas, pueden influir silenciosamente en la biología sin que lo notemos a simple vista.

Con información de: Gizmodo

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