El psicólogo Javier de Haro, especializado en desarrollo infantil y crianza, explica que gestos cotidianos como ver a un niño calzarse los zapatos de mamá o papá van mucho más allá de la diversión. Estos actos forman parte del juego simbólico, una herramienta esencial que permite a los niños explorar su identidad, practicar roles sociales y comprender el mundo que los rodea.

De Haro señala que entre los 2 y 5 años, los niños experimentan con la imitación de adultos para aprender comportamientos, normas y emociones. “Cuando un niñø se pone los zapatos de un adulto, está ensayando ser como ellos, entendiendo sus roles y construyendo su propio sentido de sí mismo”, comenta el especialista. Este tipo de juego, lejos de ser superficial, aporta al desarrollo emocional y cognitivo del menor.

El experto subraya que los padres no deben ver estas acciones como simples travesuras. Según De Haro, el juego simbólico permite a los niñõs procesar experiencias, expresar emociones y ensayar situaciones que luego enfrentarán en la vida real. En ese contexto, gestos cotidianos como calzarse los zapatos o ponerse la ropa de un adulto se convierten en ejercicios de aprendizaje profundo.

Además, De Haro aconseja a los cuidadores observar con atención y acompañar estas actividades sin interrumpirlas. Señala que la guía adulta puede incluir conversación sobre sentimientos, narración de historias o invitación a inventar escenarios, lo que potencia la creatividad y fortalece los vínculos familiares.

Finalmente, el psicólogo recuerda que el juego simbólico es un indicador de bienestar emocional y desarrollo sano. Permite a los niñøs experimentar distintos papeles, expresar sus deseos y temores y practicar la empatía.

Con información de: El Confidencial

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