Brendan Foody, con apenas 22 años, se convirtió en uno de los emprendedores más jóvenes en alcanzar una fortuna milmillonaria tras el vertiginoso ascenso de su startup de inteligencia artificial, Mercor. La compañía, fundada junto a dos amigos de la secundaria, ha revolucionado el mercado al ofrecer servicios especializados de reclutamiento y entrenamiento de modelos de IA para grandes laboratorios tecnológicos. Su valoración multimillonaria ha convertido a Foody en una figura destacada dentro del ecosistema tecnológico global.

Más allá del éxito económico, lo que más sorprende es su rutina de trabajo: Foody asegura que lleva más de tres años sin tomarse un solo día libre. Para él, esta entrega absoluta no representa un sacrificio, sino una elección consciente motivada por su pasión por la tecnología. Abandonó la universidad para dedicarse por completo a su proyecto y construir, desde cero, una empresa capaz de competir en una industria feroz y acelerada.

Su historia rompe con los estereotipos que suelen imponerse sobre la generación Z. Mientras muchos jóvenes priorizan el equilibrio entre trabajo y vida personal, Foody encarna la versión más extrema del emprendimiento moderno: largas jornadas, expectativas elevadas y una ambición que no da tregua. Su ascenso, sin embargo, no está exento de controversia, pues su empresa ha enfrentado críticas por la reducción salarial a trabajadores involucrados en tareas de entrenamiento de IA.

Para Foody, el camino al éxito no tiene pausas. Considera que la disciplina total ha sido clave para convertir una idea escolar en una compañía con impacto global. Su mentalidad se resume en la creencia de que la velocidad y la obsesión estratégica son esenciales para sobrevivir en la revolución tecnológica actual.

Con información de: Xataka

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