El Teleférico de Mérida, conocido como Mukumbarí, es mucho más que un simple medio de transporte: es una experiencia que te eleva por encima de las nubes y te sumerge en la majestuosidad de los Andes venezolanos. Considerado el teleférico más alto del mundo y el segundo más largo, este ícono del turismo nacional es un testimonio de la ingeniería y un portal hacia paisajes inolvidables.
Una obra de ingeniería única
Con una historia que se remonta a 1960 y una moderna reinauguración en 2016, el Teleférico Mukumbarí se ha consolidado como una de las infraestructuras turísticas más importantes del país. Su recorrido de 12,5 kilómetros se extiende desde la ciudad de Mérida hasta la cima del Pico Espejo, a 4.765 metros sobre el nivel del mar. Durante este viaje, los visitantes atraviesan cinco estaciones, cada una con su propio ecosistema y atracciones.
Una aventura en las alturas
El trayecto en las modernas cabinas te permite contemplar vistas panorámicas que quitan el aliento. Desde el bosque nublado de la estación Barinitas hasta el desierto nival del Pico Espejo, el cambio de paisaje es asombroso. El ascenso gradual te prepara para la altura, y en cada estación, la oferta de actividades es variada: desde senderismo en La Aguada hasta paseos a caballo en Loma Redonda, la aventura está garantizada.
Un destino turístico que se mantiene a través del tiempo
Después de su cierre en 2008 para una profunda modernización, el teleférico resurgió en 2016 con cabinas más grandes y un sistema más seguro y eficiente. Aunque ha enfrentado desafíos, su reapertura ha reavivado el turismo en la región, atrayendo a miles de visitantes ansiosos por vivir esta experiencia. Con planes para mejorar y expandir los servicios, el Teleférico Mukumbarí se proyecta como un pilar del turismo en Venezuela, uniendo la historia con la modernidad para ofrecer un viaje único e inolvidable.
Fotografías de: @stmukumbari
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