La parálisïs facial es un trastörno que impacta de manera directa en la expresión, la comunicación y la calidad de vida de quienes la padecen. Al afêctar la movilidad de los músculos de la cara, no solo compromete funciones básicas como sonreír, parpadear o hablar, sino que también tiene un fuerte componente emocional y social: muchas personas se sienten vulnerables, inseguras o limitadas en su día a día.

Según explica la doctora Lorena Pingarrón, jefa de Servicio de Cirugía Oral y Maxilofacial del Hospital Universitario Rey Juan Carlos, el diagnóstico de la parálisïs facial es fundamentalmente clínico, y se basa en la observación de la imposibilidad de movilizar uno de los lados de la cara. “En la mayoría de los casos hablamos de parálisïs facial periférica, como la parálisïs de Bell, que aparece de forma aguda y sin causa aparente. El paciente suele acudir a urgencias porque nota debilidad súbita en la mitad de la cara. Si la parálisïs es consecuencia de una cirugía por un tümor, los síntomas son los mismos, pero el abordaje cambia”, puntualiza la especialista.

Cuando el nervio facial no recupera su función de forma espontánea, la cirugía se convierte en la mejor alternativa. Según detalla la especialista, las técnicas estáticas, que buscan mejorar la simetría facial sin devolver movilidad y técnicas dinámicas, que intentan restituir la movilidad del rostro. La cirugía no es el final del proceso: tras la intervención se recomienda un periodo de reposo de dos o tres meses y después se inicia la rehabilitación.

Esta se centra en ejercicios de mímica frente al espejo, destinados a recuperar la coordinación y prevenir las sincinesias, movimientos involuntarios que aparecen como consecuencia de una reinervación anómala. “En algunos pacientes, sobre todo aquellos que desarrollan espąsmos, la toxina botulínica (botox) puede ser una herramienta útil para controlar esos movimientos indeseados. Mientras que en la parálisïs de Bell la evolución suele ser excelente, en casos más gräves, como los relacionados con herpes zóster o tümores, las probabilidades de recuperar la movilidad total disminuyen.

“La clave está en un diagnóstico temprano, el inicio precoz del tratamiento con corticoides y la derivación a unidades específicas de rehabilitación cuando sea necesario”, concluye la especialista.

Con información de: Quironsalud

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