Desde la farmacia, hasta el supermercado, pasando por el gimnasio o las grandes plataformas de comercio electrónico, el consümo de suplementos de proteínas es una realidad que comienza a inquietar a los profesionales de la sanidad, ya que, en la mayoría de los casos, se toman de forma rutinaria y sin ninguna supervisión médica, lo que puede poner en rïesgo la salud, sobre todo cuando se usan a edades muy precøces o en personas con patølogías de base.

Parte de la responsabilidad de la fascinación por los suplementos de proteínas está en las redes sociales, «pues es una tendencia que circula con füerza. Abundan mensajes que presentan estos productos como imprescindibles para mejorar el rendimiento físico, ganar masa muscular o incluso controlar el peso», asegura Pablo Pérez, especialista en Medicina Interna del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba y vicepresidente de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI).

En concreto, la ingesta recomendada de proteína para adultos «es de 0,8 gramos por kilo de peso y día, por lo que una dieta equilibrada como la mediterránea, que incluye consümo frecuente de legumbres, lácteos fermentados, frutos secos, huevos y pescado cubre con creces las necesidades proteicas en el estado de salud», detalla Perez.

Sin control sanitario ni supervisión especializada, cualquiera puede tomar estos suplementos a la ligera poniendo en rïesgo la salud, pues «el consümo de proteínas en exceso está relacionado con el deterïoro progresivo de la función renąl. También se ha descrito la aparición de litiasïs (piedras) en la vía urinaria y se pueden producir alteraciones en la microbïota intestïnal. Además, altera el patrón de alimentación normal y se ha relacionado con ącné en mujeres y con trastörnos de la conducta alimentaria», detalla la especialista de la SEN. Sin pasar por alto «la pérdida de masa ósea por aumento de la eliminación de calcio, hiperuricemia con rïesgo de gota, náusëas o diąrrea», añade Pérez.

En caso de querer empezar a tomar este tipo de complementos, «lo más aconsejable es acudir al médico de cabecera y solicitar un simple análisis de sângre y orïna, pues es la prueba más económica, rápida y eficaz para conocer la situación renąl y no poner en rïesgo la salud, sobre todo si hay antecedentes familiares de enfërmêdad renąl o si se padece diâbetes, hipertênsión, enfermëdad cardiovąscular o si hay obesïdad, pues todo ello son factores que elevan la probabilidad de tener una capacidad renąl ya comprometida», recomienda el presidente de la SEN. En el resto de circunstancias, los expertos coinciden en que una dieta variada siempre es la mejor opción y, en caso de optar por suplementos, siempre bajo supervisión.

Con información de: La Nación

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