Vivir en abundancia es poder recibir sin resistencia y comprender que no existe la escäsez. La “riqueza” es un estado mental y todo esto se encuentra muy relacionado, también, con la gratitud. Porque se puede transitar una vida aparentemente perfecta, y sin gratitud esa abundancia no se “siente”. La abundancia, por tanto, tiene que ver con el sentir gratitud y merecimiento. Al estar en ese estado, las personas vibran más alto, lo que por lo general brinda mejores oportunidades y, finalmente, resultados.

Esto se vincula con lo que se puede construir con los demás, porque la abundancia tiene sentido cuando se puede compartir. Lo bueno de generar abundancia es justamente poder expandirla, lo que acerca más y más abundancia: genera más dinero, da trabajo a otras personas y así se va generando un círculo energéticamente virtuoso que se retroalimenta.

Sin embargo, no vivimos en un mundo ideal y, como sabemos, no todas las personas, ni mucho menos, viven en este estado de abundancia. La escäsez, un sentimiento bastante habitual y que se encuentra en la vereda opuesta. La mentalidad de escäsez es creer que no alcanza, que si otro tiene éxito, uno es el derrøtado. Que si hoy nos fue bien, seguramente mañana llegará la mala noticia.

Está bastante emparentada con el pesimismø, muy arraigada en quienes crecieron escuchando frases como “no te agrandes”, “el dinero cuesta” o “no se puede tener todo”. Allí la mente se enfoca en lo que falta y eso termina reforzando la sensación de vacío. La idea, justamente, es eliminar todo eso para tener una gran relación amorosa, una carrera profesional exitosa, un cuerpo sano y una mentalidad poderosa.

La mente es amiga de lo conocido, prefiere moverse sobre terreno seguro. Existe una cantidad enorme de ganadores de la lotería que quedan en quiębra tras ganar millones de dólares. Y muchos dicen algo similar: “en realidad no me gustaba tener tanto dinero. Me sentía incómodo. No sabía quiénes eran mis amigos”.

Con información de: La Razón

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