Si buscas un destino que te ofrezca un viaje en el tiempo y un escape a la naturaleza, la Península de Araya, en el estado Sucre, es una joya escondida que espera ser descubierta. Este rincón de Venezuela fusiona de manera única el encanto de un paisaje desértico con la inmensidad del mar Caribe, brindando al visitante una experiencia inolvidable. Araya no es solo un lugar, es un encuentro con la historia, una travesía por salinas de otro mundo y un deleite para los amantes de las playas serenas.

El principal guardián de la península es el imponente Castillo de Araya, oficialmente conocido como la Real Fuerza de Santiago de Arroyo de Araya. Esta fortaleza de piedra, construida por los españoles en el siglo XVII para proteger las valiosas minas de sal de los pirat@s, se alza majestuosamente sobre una colina con una vista privilegiada del Golfo de Cariaco. Recorrer sus ruinas es un acto de imaginación, un paso a través de la historia militar y comercial de la colonia, mientras se disfruta de una vista panorámica que abarca el mar azul y las extensiones salinas.

La naturaleza de Araya es tan singular como su historia, destacándose las famosas Salinas de Araya. Este paisaje desértico y lunar, donde el sol se refleja en vastas extensiones de sal, es un espectáculo visual fascinante. Además, las playas de la península son un paraíso de tranquilidad. Playa del Castillo, situada a los pies de la fortaleza, es la más popular y accesible, con aguas cristalinas que invitan a un refrescante baño. Para quienes buscan soledad, otras playas como Bulevar o Los Muertos ofrecen un ambiente más íntimo y la oportunidad de disfrutar de la serenidad del mar sin interrupciones.

La experiencia en Araya se completa con su riqueza cultural y gastronómica. El pueblo de Manicuare, famoso por sus artesanos de la cerámica y por ser la cuna del poeta Cruz Salmerón Acosta, es una parada obligada para sumergirse en las tradiciones locales. Los sabores del mar son los grandes protagonistas de la cocina de la zona; los restaurantes y puestos de comida ofrecen exquisitos pescados fritos, asopados de mariscos y otros manjares que capturan la esencia del Caribe. La amabilidad de su gente y la autenticidad de sus costumbres hacen de la visita una vivencia cálida y memorable.

Araya es un destino accesible, lo que facilita su descubrimiento. La forma más popular de llegar es tomando el ferry o una lancha rápida desde Cumaná, lo que ya de por sí es un atractivo viaje a través del Golfo de Cariaco. En definitiva, Araya es una escapada perfecta para el viajero que busca una mezcla de historia, paisajes únicos y la autenticidad de un pueblo de pescadores, invitándolo a desconectarse del mundo y a reconectar con la belleza pura y simple de la costa venezolana.

Fotografías de: @tineofoto
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