En el Día Mundial de la Alimentación, la ciencia pone el foco en las proteínas alternativas, unas fuentes sostenibles de alimentos que van desde las legumbres y algas hasta la carne cultivada en un laboratorio. Más que una moda representan una evolución tecnológica de la alimentación que promete reducir el impacto ambiental, mejorar la salud, así como garantizar el futuro de la comida tal y como la conocemos ahora.

Es por ello, que Katherine Gil, doctora en Nutrición y Metabolismo, innovation manager e investigadora de la Unidad de Nutrición y Salud del centro tecnológico Eurecat, explica que las proteínas alternativas son aquellas que no provienen directamente de los animales, sino que se obtienen a partir de fuentes o de procesos distintos, y que amplían las opciones para incorporar la proteína en nuestra dieta.

Según detalla, éstas incluyen: las proteínas de origen vegetal, derivadas de las legumbres, de los cereales, o de los frutos secos; las procedentes de las algas, tanto microalgas como macroalgas, que destacan por su alto contenido proteico y por su riqueza en minerales y en compuestos bioactivos; las obtenidas mediante fermentación, donde los microorganismos como las levaduras o las bactêrias transforman los ingredientes en productos ricos en proteína; y las proteínas cultivadas, desarrolladas a partir de células animales en entornos controlados.

Tal y como destaca, además, un aspecto relevante a tener en cuenta sobre las proteínas alternativas es que éstas no buscan reemplazar a la proteína de origen animal, sino complementarla, y ampliar la variedad de opciones alimentarias disponibles.

Con información de: Mayo Clinic

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