Tras más de un mes de intensa emoción, donde millones de aficionados se mantuvieron conectados diariamente frente a las pantallas, la Copa Mundial FIFA 2026 llegó a su fin. Ante el cierre del torneo, numerosos fanáticos enfrentan un sentimiento de vacío o melancolía que guarda similitud con cuadros depresivos. Aunque no constituye una condición médica, la denominada «depresïón postmundial» es una vivencia genuina de desánimo que cuenta con explicaciones desde la ciencia.

«Existe, no como un diagnóstico clínico, sino como un escenario en el que el espectador vivió durante 37 o 38 días enfocado en el disfrute. Esos picos de dopamina que nos brindó el torneo dejan un pequeño déficit. Por ende, surge este desánimo y la inquietud de ‘¿y ahora, qué sigue?'», señaló el psicólogo deportivo chileno Alexi Ponce, académico de la Universidad Adolfo Ibáñez, al ser consultado por el medio La Tercera.

Bajo la perspectiva del profesional, la recién concluida cita deportiva «dejará amplio material de estudio para los meses venideros», especialmente en cuanto al manejo de las emociones y los vínculos de dependencia afectïva que genera el evento.

El reencuentro y la reconexión social

A juicio de Ponce, el certamen futbolístico también facilitó la creación de espacios de integración poco habituales en la rutina diaria. «Las familias volvieron a reunirse; personas que no consumen fútbol habitualmente se sumaron a la experiencia. Eso despierta sensaciones que hoy se extrañan. Cómo reemplazar esa dinámica es parte de lo que se analiza», afirmó.

El especialista precisó que la construcción emocional en torno a este campeonato no surgió únicamente en junio, sino que se alimentó desde las eliminatorias, etapa en la que la fanaticada acompaña el camino de su selección nacional. Además, destacó que esta edición sumó elementos inéditos, como la realización en tres países sedes, la participación de 48 representaciones y una agenda con más de un centenar de encuentros.

«Existía un alto nivel de atención y demanda informativa […]. Eso permitió que el disfrute del torneo compitiera emocionalmente con los problemas de la cotidianidad. Estuvimos más de un mes expuestos a una estimulación constante que mantuvo al cerebro en permanente expectativa», explicó.

Finalmente, el experto indicó que el reto actual consiste en «preservar los espacios de encuentro y diálogo familiar construidos durante la competencia», comprendiendo que ningún otro torneo despierta una pasión comparable a la Copa FIFA. «Toca procesar este período de transición. No se trata de algo patológïco, pero nos enfrenta a una pausa y a la espera del próximo ciclo, algo habitual en la vida cotidiana», concluyó.

Con información de Globovision.

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