El aumento de la esperanza de vida de las mascotas, impulsado por los avances en medicina veterinaria y nutrición, incrementó la incidencia de este trastörno neuroconductual, que afêcta principalmente a perros a partir de los diez u once años. Según la veterinaria Tracey Taylor de la Universidad de Adelaida, “algunos estudios sugieren que hasta el 60% de los perros mayores, en su mayoría mayores de once años, padecen demëncia canina”, una cifra que subraya la magnitud del problema.
La demëncia canina se manifiesta de forma progresiva y puede pasar inadvertida en sus primeras etapas, lo que hace fundamental la detección temprana para mejorar la calidad de vida de los animales afêctados. La Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Cornell indicó que las señales que ayudan a identificar esta patología son: desorientación en entornos familiares, alteraciones en las interacciones sociales, cambios en el ciclo sueño-vigilia, ensuciamiento de la casa, alteraciones en los niveles de actividad, ansïedad y, en algunos casos, agrêsión.
Algunos comportamientos como perderse en lugares conocidos, no reconocer a personas o animales familiares, volverse más dependiente o menos sociable, mostrar menos interés por pasear o jugar, irritabilidad, ansïedad, deambulación nocturna y dificultades para obedecer órdenes o aprender nuevas tareas también pueden ser señales tempranas de esta condición.
Aunque no existe una cura para la demencia canina, la intervención temprana y un manejo adecuado pueden ralentizar su progresión y mejorar la calidad de vida del animal. La misma universidad de Estados Unidos recomienda medidas como bløquear zonas pelïgrosas de la casa, mantener rutinas predecibles, enriquecer el entorno con juegos de olfato y rompecabezas, y adaptar la dieta con antioxidantes, ácidos grasos omega-3 y triglicéridos de cadena media.
Con información de: El Tiempo









