Un nuevo estudio respaldado por los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU. (NIH) sugiere que es posible recuperar energía y realizar el mantenimiento del cerebro sin la necesidad de dormir. La investigación, publicada este lunes en la prestigiosa revista Nature Neuroscience, demuestra que los mecanismos restauradores del sueño pueden activarse localmente en cerebros despiertos.

El descanso profundo es un proceso vital para la salud neurológica. Durante la fase de ondas lentas —que constituye aproximadamente el 80% del sueño en adultos— el cerebro realiza labores de mantenimiento: protege las conexiones neuronales necesarias para el almacenamiento de información a largo plazo, elimina las prescindibles y crea espacio para nuevos aprendizajes.

Para comprobar si este proceso podía replicarse sin el estado de inconsciencia, el equipo científico utilizó implantes que emiten pulsos de luz en ratones modificados genéticamente. Durante periodos de 30 minutos, los investigadores indujeron en un lado del cerebro de animales privados de descanso una actividad rítmica de encendido y apagado neuronal, emulando los patrones naturales del sueño de ondas lentas.

«Lo que estamos haciendo esencialmente es forzar el sueño en una región local del cerebro. Mientras esa parte está solidificando recuerdos y restaurando la capacidad de aprendizaje, otras partes permanecen atentas, vigilantes y conectadas con el entorno», explicó Chiara Cirelli, autora principal del estudio. Cirelli detalló que este fenómeno es comparable a los mecanismos de supervivencia de animales como los delfines, que duermen utilizando un solo hemisferio cerebral a la vez para mantenerse alerta.

Resultados que transforman la comprensión del descanso

Las pruebas arrojaron resultados contundentes. Cuando los animales finalmente tuvieron la oportunidad de dormir, las regiones que habían sido estimuladas mostraron una menor actividad de ondas lentas, evidenciando que la necesidad biológica de sueño en esa zona específica ya había sido cubierta.

Posteriormente, en evaluaciones conductuales de memoria táctil —un proceso que depende estrictamente del descanso—, los ratones privados de sueño que recibieron la estimulación obtuvieron un rendimiento óptimo, similar al de los roedores que habían dormido sus horas completas. Por el contrario, el grupo privado de sueño sin estimulación mostró un deterioro significativo en sus capacidades.

«Esta investigación decodifica aún más por qué dormimos y cómo aprendemos, lo que nos acerca un paso más a comprender cómo prevenir y tratar mejor el deterioro cognitivo», señaló Amy Bany Adams, directora en funciones del Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares, entidad que financió el proyecto.

De cara al futuro, el equipo liderado por Cirelli espera explorar si estos prometedores efectos podrían replicarse en humanos utilizando técnicas menos invasivas, como la estimulación transcraneal, lo que supondría un avance histórico en la neurología y el tratamiento de trastornos cognitivos.

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