Este tesoro natural no es solo un parque; es un santuario de biodiversidad y misterio, dominado por sus imponentes tepuyes y, lo más asombroso, por sus colosales sumideros o «simas».

Ubicado en el Escudo Guayanés, al suroeste del Estado Bolívar, donde nacen los ríos Caura, Erebato y Ventuari. Se puede llegar por vía fluvial, siguiendo el cauce del Caura o en helicóptero. En las cercanías del Caura hay campamentos que ofrecen excursiones guiadas, que es lo más aconsejable. El Aeropuerto más cercano está en Ciudad Bolivar.

Durante siglos, el macizo de Sarisariñama permaneció como una leyenda, un velo en la inmensidad de la selva amazónica. Fue en 1974 cuando la expedición liderada por el reconocido explorador y científico venezolano Charles Brewer-Carías reveló al mundo la existencia de sus formidables simas.

Estas gigantescas depresiones (las cuales aún hoy en día no se tiene explicación cientifica sobre su creación), algunas con más de 300 metros de profundidad y cientos de metros de diámetro, son verdaderos «mundos perdidos» con bosques intactos en sus bases, aislados del exterior desde hace milenios. Este descubrimiento no solo fue un hito para la geología y la espeleología, sino que abrió una ventana a la comprensión de la evolución biológica en ambientes extremos y aislados.

Este parque no solo representa un orgullo nacional, sino una responsabilidad global. Es un recordatorio de la inmensa belleza y la delicada complejidad de nuestro planeta, y de la importancia de proteger estos santuarios naturales.

Con información de: Mintur

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