Imagina un lugar donde el tiempo se detiene y la biodiversidad te abraza en cada rincón. Te presentamos el Parque Nacional Cinaruco-Capanaparo, una joya escondida en los llanos bajos occidentales de Venezuela que te dejará sin aliento.

Caluroso y polvoriento, o un auténticos lodazal repleto de vida según la estación, la inmensidad del llano venezolano pobló la fantasía de algunos aventureros del Siglo XVI como el corsario Walter Raleigh o los españoles Ordaz, Ortal y Sedeño, que se adentraron por estás tierras malsanas en busca de El Dorado. Craso error, pues la riqueza de estas tierras viene marcada por el curso del agua, dónde periódicamente brota uno de los más interesantes ecosistemas. El curso de los principales ríos del país que lo atraviesan por el Estado Apure (Orinoco), Apure (Meta, Capanaparo y Cinaruco), define también el ciclo vital de los indígenas yaruros y guahibos de la zona, así como de los ganaderos venezolanos que controlan miles de cabezas de ganado desde los gatos o haciendas llaneras.

En este Parque Nacional el clima se debate entre una lluvia constante durante meses y una sequía producida por el alto grado de evaporación por el calor de la estación seca. Aquí encuentran su máxima expresión morichales, bosques de galerías, llanuras y ríos que forman una serie de “islas”.

Este edén, estratégicamente ubicado entre los municipios de Achaguas y Pedro Camejo (estado Apure), es mucho más que un parque; es un santuario de vida salvaje, un lienzo pintado con los colores de la sabana y el hogar de experiencias inolvidables.

El Parque Nacional Cinaruco-Capanaparo no es solo un destino; es una experiencia que transforma. Es la oportunidad de vivir la Venezuela más auténtica y tradicional, de sentir la grandeza de la naturaleza y de crear recuerdos que durarán toda la vida.

Con información de: Parques Nacionales de Venezuela

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