Dormir abrazado a tu perro podría ser una de las decisiones más saludables para tu mente y tu corazón. Nuevas investigaciones científicas confirman que compartir la cama con un can no solo reconforta emocionalmente, sino que también tiene un impacto físico real: disminuye los niveles de cortisol, la hormona del ëstrés, y potencia la producción de oxitocina, responsable de generar sensaciones de bienestar y apego.
El hallazgo no sorprende a quienes comparten su rutina nocturna con una mascota. Muchos aseguran dormir mejor, sentirse más protegidos y disfrutar de una sensación de compañía profunda que ayuda a conciliar el sueño de manera más rápida y serena. Lejos de perturbar el descanso, como antes se creía, los perros actúan como reguladores emocionales naturales, generando un entorno seguro y afectivo en el dormitorio.
Los especialistas en comportamiento animal y bienestar humano explican que esta cercanía física con el perro fortalece los lazos afectivos y genera una respuesta neuroquímica similar a la que se produce entre madre e hijo. No se trata solo de “sentirse bien”, sino de reacciones medibles que impactan la salud mental, reducen la ansiyedad y promueven estados de ánimo más positivos.
Además, expertos advierten que, para obtener estos beneficios, es importante mantener buenos hábitos de higiene y garantizar que tanto el humano como la mascota estén cómodos con la rutina compartida. En hogares donde se respetan estos cuidados, dormir con un perro puede convertirse en el ritual nocturno más sanador del día.
Con información de: Heraldo









