Durante años se ha hablado del TDAH como un problema de conducta, de falta de atención, o de autocontrol. Sin embargo, la Neurociencia empieza a contar otra historia: la de un cerebro que siente, que procesa, y que se relaciona con el mundo de forma diferente.
Miguel Toribio-Mateas es neurocientífico, investigador en salud mental y diagnosticado de TDAH y autïsmo en la edad adulta, defiende en ‘Cuerpo y mente. «Las mentes con TDAH están hechas para el pensamiento divergente: conectar ideas inesperadas, generar soluciones originales. Esta capacidad brilla especialmente en el arte, en la Ciencia, o en la tecnología; y muchas veces es ahí donde encontramos nuestro lugar natural. En mi caso, fue precisamente mi creatividad la que me salvó cuando decidí ‘reinventarme’, y entrar en el mundo de la Neurociencia más adelante en la vida», reconoce.
Algunos de los síntomas principales en adultos son, la falta de atención o la dificultad para concentrarse y mantener la atención a la hora de realizar tareas complejas o de larga duración, seguir instrucciones y completar tareas; la impulsividad, que puede llevar a tomar decisiones precipitadas y dificultar el control de las emociones; la hiperactividad; la tendencia a procrastinar; un bajo nivel de tolerancia a la frustración; la incapacidad para gestionar las esperas.
Enfrentarse a estos obstáculos sin un diagnóstico y un apoyo adecuado puede aumentar el ritmo de desarrollar trastornos del estado de ánimo y ansïedad, lo cual hace que la gestión del trastörno en la vida diaria sea aún más compleja. Algunas fuentes reputadas, como la American Psychiatric Association (APA) y el National Institute of Mental Health (NIMH), afirman que el TDAH en adultos es una condición real y a menudo infravalorada, que requiere intervenciones adecuadas y estrategias de afrontamiento eficaces para mejorar la calidad de vida.
Con información de: La Web de la Salud









