Todos quieren sentirse amados, pero pocos entienden que el amor real no se grita, se demuestra. No está en las publicaciones ni en las apariencias, sino en la forma en que tu pareja habla de ti cuando no estás y en cómo te trata cuando nadie más mira.
Una relación sólida no se construye desde el ego ni desde la necesidad de competir. Se construye cuando hay alguien capaz de aplaudir tus logros en público sin envïdia, y de corregirte en privado sin herïrte, porque su intención no es dominarte, sino crecer contigo.
Al final, elegir con quién compartir la vida es una de las decisiones más serias que existen. Porque no se trata de encontrar a quien te exhiba, sino a quien te cuide, te impulse y te respete incluso en los momentos más incómodos.
Con información de: Mario_otero









