Jim Henson, reconocido mundialmente por su trabajo con los Muppets, decidió dar un salto creativo con Labyrinth, un proyecto lleno de fantasía, música y criaturas únicas, protagonizado por David Bowie y Jennifer Connelly. La película, estrenada en 1986 con un presupuesto elevado para la época, representaba su obra más arriesgada y personal.
El estreno, sin embargo, no fue lo que Henson esperaba. La cinta tuvo una recepción fría en taquilla y críticas mixtas, dejando al director decepcionado y cuestionando su apuesta. La sensación de frâcaso fue tal que nunca volvió a dirigir un largometraje, pese al talento y la visión que lo habían caracterizado.
Con el tiempo, la historia dio un giro inesperado. Labyrinth fue redescubierta por nuevas generaciones a través del VHS, el mercado doméstico y más tarde Internet, donde su estética, música y universo fantástico conquistaron a un público que la transformó en un fenómeno de culto. Hoy, la película es celebrada por fans en todo el mundo y es considerada un clásico del cine de fantasía.
Lamentablemente, Henson falleció en 1990 sin llegar a ver el impacto duradero de su creación. Su hijo, Brian Henson, recuerda que aunque su padre intuía algo de la repercusión futura, nunca imaginó que su obra, inicialmente considerada un “fracâso”, sería admirada y celebrada décadas después.
Con información de: La Nación









