La ciencia ha demostrado que el ejercicio físico regular no solo beneficia al corazón y los músculos, sino que también impacta directamente en el cerebro al estimular la producción de nuevas neuronas en el hipocampo, una región clave para la memoria y el aprendizaje. Este proceso, conocido como neurogénesis, se ha observado tanto en estudios con animales como en investigaciones con humanos, y contribuye a mantener funciones cognitivas saludables.

Diversas investigaciones muestran que la actividad aeróbica moderada, como caminar rápido, correr, nadar o andar en bicicleta, aumenta la liberación de proteínas y factores de crecimiento que favorecen la plasticidad neuronal. Estas sustancias funcionan como un “fertilizante” para las células cerebrales, ayudando a la formación de nuevas neuronas, al desarrollo de vasos sanguíneos y al mantenimiento de conexiones existentes entre las células nerviosas.

El ejercicio constante se ha asociado con incrementos en el volumen del hipocampo, mejoras en la memoria espacial y la cognición general, y una reducción del riesgo de deterioro cognitivo relacionado con la edad. Asimismo, puede actuar como una medida preventiva frente a enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer, y contribuir a mejorar el estado de ánimo y reducir síntomas de ansiedad y depresión.

Los expertos aclaran que los beneficios no son proporcionales a la cantidad de ejercicio realizada: un exceso puede generar estrés fisiológico que contrarreste los efectos positivos, mientras que largos periodos de inactividad afectan negativamente la salud cerebral. Por ello, se recomienda incorporar actividad física moderada de forma constante y mantener un estilo de vida activo.

Además, algunos estudios sugieren que ciertos efectos positivos del ejercicio sobre el cerebro podrían influir en generaciones futuras a través de mecanismos epigenéticos, aunque se necesita más investigación para comprender completamente este fenómeno en humanos.

Con información de: Xataka

¿Qué opinas de esto?