La natación, más allá de tonificar los músculos y mejorar la salud cardiovascular, es considerada una aliada de la salud mental, especialmente a medida que envejecemos. Si bien diversos estudios han demostrado que el ejercicio aeróbico en general puede estimular la producción de los llamados factores de crecimiento neuronal (proteínas involucradas en el crecimiento y mantenimiento de ciertas células nerviosas), la natación, a diferencia de otros deportes, supone un desafío especial para el cerebro.

Esta actividad obliga al cerebro a forjar nuevas vías neuronales y estimula a las neuronas de forma incomparables comparado con otras actividades. Seena Mathew, profesora adjunta de biología en la Universidad Mary Hardin-Baylor (Texas, EE.UU.), explica que los movimientos cruzados bilaterales que implica esta actividad física manos y pies realizando movimientos opuestos hacen trabajar ambos hemisferios del cerebro.

Cuanto más suceda esto y las dos mitades se comuniquen entre sí, «más eficientes serán los patrones neurológicos». «Esto conduce a una mayor capacidad cognitiva», subraya.

Esa posición facilita el flujo sânguíneo y el aporte de oxígeno y nutrientes al cerebro. De este modo, resulta especialmente conveniente optar por esta práctica a medida que envejecemos, ya que con la edad el cuerpo tiene que realizar mayor esfuerzo para mantener el flujo sânguíneo ascendente hacia el cerebro e incluso breves interrupciones pueden afectar su correcto funcionamiento.

Con información: La Nación

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