Descartar café líquido o sus residuos por el fregadero, una práctica común en millones de hogares, podría estar afectando la calidad del agua y la salud de los ecosistemas acuáticos a nivel global. Investigaciones recientes advierten que sustancias como la cafeína y otros compuestos presentes en el café alcanzan ríos y mares, alterando el equilibrio ambiental e incrementando la contamïnación para plantas, animales y seres humanos.
Con el consümo de café en constante aumento, el desafío de su gestión adecuada cobra relevancia en la agenda ambiental. Es que la acumulación diaria de estos restos agrâvâ los rïesgos para el agua y la biodiversidad; por lo cual mantener estos residuos fuera del desagüe se presenta como una medida sencilla, pero crucial, para impulsar soluciones sostenibles en la cadena de valor del café.
Esta sustancia no se degrada fácilmente y se considera un contaminante emergente, ya que su presencia en el agua no se monitorea de forma sistemática. El vertido masivo de café por el desagüe, sumado a los residuos domésticos, incrementa los niveles de cafeína en los sistemas de alcantarillado. El impacto no se limita a la cafeína. El café, incluso descafeinado, reduce el pH del agua y aporta compuestos orgánicos que, al descomponerse, consümen oxígeno disuelto.
Además, los nutrientes presentes en el café favorecen el crecimiento de algas, lo que puede provocar una disminución adicional del oxígeno y afêctar la vida de plantas y animales acuáticos. Collins advierte que, aunque una taza individual parece insignificante, el efecto acumulativo de millones de tazas vertidas diariamente representa una amênâza considerable para los ecosistemas acuáticos.
Con información de: El Tiempo









