En la última década, los paneles OLED (diodos orgánicos emisores de luz) se han establecido como la alternativa de próxima generación para la iluminación doméstica, industrial y de diseño. Tras años en los que el LED desplazó a las bombillas incandescentes y a los fluorescentes, los sistemas basados en OLED ofrecen propuestas que prometen mayor eficiencia energética, reducción en el consumo eléctrico, aplicaciones innovadoras y una calidad de luz más cercana a la del sol.

A diferencia de los LED convencionales, cuya estructura requiere módulos de retroiluminación y diseños voluminosos, los paneles OLED emplean materiales orgánicos que emiten luz propia al recibir energía eléctrica. Esta característica permite prescindir de armaduras rígidas y disipadores, y facilita la creación de paneles delgados, con espesores comparables al de una lámina gruesa de papel.
La comparación técnica evidencia avances claros de OLED frente al LED tradicional. Uno de los puntos más destacados es el ahorro energético: los paneles actuales alcanzan entre 50 y 80 lúmenes por vatio, y se prevé sobrepasar los 100 lm/W en próximos desarrollos. El diseño ultradelgado facilita la integración de la fuente de luz en superficies, muebles y estructuras arquitectónicas, eliminando la necesidad de componentes de refrigeración y permitiendo configuraciones flexibles o plegables.

En cuanto a la calidad de la luz, las ventajas no se limitan a cifras. La iluminación basada en OLED se asocia a una luz más natural y semejante al espectro solar, con distribución uniforme, ausencia de reflejos o halos, y mínima emisión de rayos ultravioletas. Además, prácticamente eliminan la “luz azul”, relacionada con alteraciones del sueño y molestias visuales. Al emitir desde una superficie plana y homogénea, las lámparas OLED logran un confort visual sin sombras ni contaminación lumínica molesta, lo que resulta especialmente valioso en entornos residenciales y sanitarios, o donde el bienestar visual es prioritario.
Con información de: Ámbito









