Antes de colocar la carne sobre el fuego, algunos asadores repiten un rituäl que despierta curiosidad y divide opiniones. No requiere herramientas especiales ni productos costosos, solo un ingrediente común de la cocina que, al entrar en contacto con los hierros calientes, cumple varias funciones a la vez y promete mejorar la experiencia del asado desde el primer minuto.
El truco consiste en pasar una cebolla partida por la parrilla ya caliente. Al hacerlo, los jugos naturales del vegetal se liberan y ayudan a desprender restos de grasa y suciedad acumulados, dejando la superficie más limpia para cocinar. Es una forma práctica y rápida de preparar los hierros sin recurrir a cepillos agresivos o químicos.
Pero el efecto no termina allí. Al frotar la cebolla, se genera una ligera película natural que reduce la posibilidad de que la carne se pegue. Esto resulta clave, sobre todo al inicio de la cocción, cuando los cortes más delicados suelen rompęrse o perder jugos al intentar darlos vuelta.
Además, el calor libera compuestos aromáticos que quedan impregnados en la parrilla y aportan un toque sutil al asado. No se trata de un sabor dominante, sino de un aroma suave que muchos consideran un plus, casi imperceptible pero presente, que acompaña el proceso de cocción.
Por su sencillez y efectividad, este gesto se mantiene vigente entre parrilleros experimentados y aficionados. Es una práctica heredada, económica y natural que sigue despertando intriga, demostrando que en el mundo del asado, a veces los secretos mejor guardados son los más simples.
Con información de: UNO









