El lenguaje de la Generación Z, (jóvenes que nacieron entre 1995 y 2010) se construye en escenas, se produce y circula en plataformas digitales, principalmente TikTok, X, Instagram y Twitch. No responde a un territorio físico, sino a un territorio simbólico y algorítmico. Las palabras no se transmiten de boca en boca, sino de comentario en comentario, de video en video, de meme en meme. La pertenencia ya no es barrial, sino digital.

Una situación frecuente ocurre en TikTok. Una usuaria sube un video mostrando un cambio de look. No hay explicación, no hay texto largo. El impacto se mide en comentarios. Aparecen frases como “devoraste”, “serviste”, “madre”, “aura”. En ese contexto, “devorar” no refiere a comer, sino a destacarse; “servir” implica cumplir con una expectativa estética o discursiva; “madre” señala un nivel de iconicidad superior.

En la misma escena, si el resultado no convence, los comentarios pueden cambiar radicalmente. Aparece “ayunaste”, o frases derivadas como “pensaste que ibas a devorar y ayunaste”. El contraste no es casual: la lógica binaria del éxito o el frâcasó se refuerza en un entorno donde todo se evalúa públicamente y en tiempo real.

“Ella jura» se usa mucho en TikTok y casi nunca en persona”, explica Martina Abril Khair, 20 años, estudiante de Publicidad. “Es una forma de decir ‘creíste que esto estaba buenísimo y no’. Tiene algo de burla, pero también de corrección social”, dice. El término “funar” o “funa” refiere a la cancelación pública de una persona en redes sociales. Puede surgir a partir de una denuncia, un video viral o un comentario desafortunado. La funa no siempre implica consecuencias formales, pero sí una sanción simbólica colectiva.

Otros términos se vinculan con los vínculos afectivos. “Shippear” refiere al deseo de que dos personas formen pareja. “Momento humilde” se usa para hablar, en retrospectiva, de vínculos pasados que hoy generan incomodidad. “No me quemes” aparece cuando alguien revela información personal que se prefería mantener en reserva.

El glosario no es fijo ni definitivo. Cambia con rapidez, se renueva y se adapta. Pero cumple una función clara: marcar pertenencia, construir identidad y ordenar la experiencia en un entorno digital donde todo se ve, se comenta y se juzga en tiempo real.

Con información de: La Vanguardia

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