Durante décadas, la ciencia sostuvo que unos fósiles hallados en Alaska correspondían a los mamuts más recientes jamás registrados, una afirmación que desafiaba la cronología aceptada sobre la extinción de esta especie. Sin embargo, un nuevo análisis ha dado un giro inesperado a esta historia: aquellos restøs no pertenecían a mamuts, sino a ballenas, dejando en evidencia un errør que se mantuvo sin cuestionar por más de medio siglo.
Los huęsos, descubiertos a mediados del siglo XX cerca de Fairbanks, llamaron la atención porque sus dataciones los situaban apenas entre 1.900 y 2.700 años de antigüedad. De confirmarse, habrían demostrado que los mamuts sobrevivieron miles de años más de lo que indicaban los registros conocidos. Esa posibilidad convirtió el hallazgo en una pieza clave dentro del debate científico sobre la desâparición de la megafauna.
Las dudas reaparecieron cuando investigadores decidieron someter los restos a técnicas modernas de análisis. Estudios de isótopos revelaron que la alimentación del animal no coincidía con la de un herbívoro terrestre, sino con la de un organismo marino. Este resultado encęndió las alârmas y abrió la puerta a una revisión más profunda del material fósil.
La prueba definitiva llegó con el análisis de ADN antiguo. Los resultados confirmaron que los huesos correspondían a dos especies distintas de ballenas, descartando por completo la hipótesis del mamut. El hallazgo no solo corrigió una identificación errónea, sino que desmontó uno de los argumentos más llamativos sobre una supuesta supervivencia tardía de estos animales prehistóricos.
Con información de: Ok Diario









