El estrecho de Ormuz se ha convertido nuevamente en uno de los focos geopolíticos más sensibles del planeta, debido a su papel estratégico en el comercio global de energía. Ubicado entre Irán y Omán, este corredor marítimo es considerado un “cuello de botella” clave para el tránsito de petróleo y gas hacia los mercados internacionales.
De acuerdo con datos de organismos energéticos y análisis económicos, por este paso circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial y una parte significativa del gas natural licuado, lo que lo convierte en una ruta indispensable para el abastecimiento energético de Asia, Europa y otras regiones. Su posible bloqueo genera incertidumbre inmediata en los mercados.
En este contexto, diversos reportes han elaborado lo que algunos medios denominan un “mapa del miedo”, donde se identifican las zonas del mundo más dependientes de este corredor marítimo. Países importadores de energía, especialmente en Europa y Asia, aparecen como los más expuestos a una interrupción del flujo energético.
La importancia del estrecho no solo radica en su volumen de tránsito, sino también en su sensibilidad política, ya que cualquier tensión militar en la zona suele impactar directamente en el precio del petróleo, el gas y la estabilidad económica global. Esto genera efectos en cadena sobre inflación, transporte y costos de producción.
Expertos advierten que, mientras no exista una ruta alternativa equivalente, el estrecho de Ormuz seguirá siendo uno de los puntos más vulnerables del comercio mundial, donde la geopolítica puede tener un efecto inmediato en la economía de numerosos países.
Con información de: Marca

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