En plena era de la inteligencia artificial, donde las aplicaciones demandan cada vez más recursos, surge una idea radical que gana terreno entre expertos: el software debe volver a ser tan ligero que pueda almacenarse en un disquete. Este movimiento, conocido como Software Extremadamente Ligero, cuestiona la actual tendencia de la industria tecnológica, la cual prioriza el desarrollo rápido a costa de sacrificar la optimización y la eficiencia de los recursos del sistema.
Los defensores de esta postura argumentan que el crecimiento desmedido del código actual es consecuencia de una acumulación innecesaria de librerías y marcos de trabajo complejos. Al buscar la vuelta a las bases, estos desarrolladores buscan reducir drásticamente el peso de las aplicaciones, permitiendo que funcionen con fluidez en equipos con poca potencia y eliminando la dependencia excesiva de un hardware de alta gama que se vuelve obsoleto rápidamente.
Más allá de la nostälgia por los soportes de almacenamiento antiguos, este enfoque representa una crítica profunda al modelo de consumo tecnológico dominante. Los promotores de esta filosofía sostienen que un software más compacto no solo es más rápido, sino también más seguro y sostenible, ya que al reducir la complejidad se disminuyen las superficies de ataque para posibles vulnerabilidades y se optimiza significativamente el consumo energético de los dispositivos.
En última instancia, este ideal busca recuperar el control sobre la tecnología, promoviendo herramientas que realicen su función de manera impecable sin consumir gigabytes de espacio innecesariamente. Mientras la industria apuesta por modelos masivos y dependientes de la nube, la propuesta de mantener programas en un disquete se alza como una resistencia necesaria para preservar la eficiencia y la independencia digital en un mundo cada vez más pesado.
Con información de Xataka









