Una reciente investigación liderada por científicos de la Institución de Oceanografía Scripps, de la Universidad de California en San Diego, y la Universidad de Lincoln, publicada en la revista científica Science, ha descubierto un factor clave hasta ahora ignorado en la lucha global contra el cambio climático: la viscosidad de la llamada «nieve marina». El estudio demuestra que los grumos orgánicos más pegajosos y densos que descienden hacia el fondo del océano actúan como una potente barrera protectora frente a las bacterias, logrando transportar hasta más de seis veces la cantidad de carbono a las profundidades en comparación con las partículas menos densas.
Cada año, una lluvia invisible compuesta por diminutos grumos de plancton muerto, mucosidad, limo y materia fecal arrastra más de 10.000 millones de toneladas de carbono desde la superficie oceánica hacia el lecho marino. Sin embargo, apenas 2.000 millones de toneladas logran hundirse lo suficiente como para quedar almacenadas de forma segura durante siglos o milenios. Para que este proceso funcione como una bomba biológica natural que retira el dióxido de carbono de la atmósfera, las partículas deben resistir la acción destructiva de las bacterias durante su descenso. Según explicó el investigador postdoctoral Bryce Inman, las zonas más viscosas actúan como un núcleo impenetrable —comparándolo metafóricamente con un gusano en una manzana donde la pulpa es blanda pero el corazón es difícil de masticar—, impidiendo que los microorganismos descompongan el carbono antes de que llegue al fondo.
Este fascinante hallazgo científico, observado mediante técnicas de microscopía confocal tridimensional y moléculas fluorescentes, redefine los modelos climáticos actuales al demostrar que la consistencia interna y la pegajosidad de los agregados orgánicos son determinantes para regular la cantidad de carbono que el océano es capaz de secuestrar a largo plazo.
Noticias 24 horas / Fabiana Almeida
Foto cortesía Envato








