Muchas personas han notado que los adultos mayores tienen un olor particular, y la ciencia confirma que el llamado «olor a viejö» no es un mito. El aroma corporal cambia con la edad debido a modificaciones en la composición química del cuerpo. Con el paso de los años, la piel pierde colágeno y las glándulas sudoríparas y sebáceas reducen su actividad. Además, las células de la piel producen menos antioxidantes, lo que afecta la forma en que se procesan ciertos compuestos grasos.

Uno de los principales responsables de este cambio es el 2-nonenal, una sustancia que se genera por la oxidación del ácido palmitoleico (un tipo de omega-7 presente en la piel). Este compuesto es el que da lugar al característico «olor a viejö», con matices que recuerdan a la grasa y la hierba. Curiosamente, el 2-nonenal también está presente en productos como la cerveza y el trigo sarraceno.

Además, la renovación celular de la piel se ralentiza con la edad, provocando que las células muertäs se acumulen por más tiempo. Esto favorece la proliferación de bäcterias que pueden liberar olores adicionales.

Los estudios han demostrado que la producción de 2-nonenal se vuelve más perceptible a partir de los 40 años y se intensifica con la edad. En personas mayores de 60 años, este olor puede ser más notorio, sobre todo si tienen una higiene deficiente o padecen enfërmedades metabólicas.

Aunque este compuesto no es soluble en agua, existen formas de reducir su impacto. Una buena hidratación, el ejercicio regular y una alimentación rica en antioxidantes pueden ayudar a mantener el aroma de cuerpo más fresco.

Para reducir el «olor a viejo», es recomendable depilarse las axilas y las zonas intimäs, ya que estas zonas acumulan sudor y su eliminación permite que se evapore más rápidamente. El uso de desodorantes también es fundamental.

En casos extremos, existe la posibilidad de someterse a una intervención quirúrgica para eliminar las glándulas sudoríparas en áreas específicas, aunque esto puede afectar la regulación térmica del cuerpo. Otra estrategia es disminuir el consumo de alimentos ricos en azufre, como el repollo, el brócoli, la cebolla y las frambuesas, ya que estos pueden intensificar los olores corporales. Finalmente, cambiarse de ropa varias veces al día ayuda a evitar la acumulación de sudor, especialmente en climas cálidos o días calurosos.

Con información de La Razón

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