Una investigación liderada por la Universidad de Oxford señala que la necesidad de convivir con otras especies no es un capricho moderno, sino una herencia biológica compartida con los primates.
Tener mascotas y considerarlas parte de la familia es una de las costumbres más universales de la humanidad. Sin embargo, lo que durante mucho tiempo se consideró una tendencia cultural reciente podría tener raíces evolutivas mucho más profundas. Un nuevo estudio internacional, liderado por la Universidad de Oxford y publicado en la revista científica Primates, revela que la inclinación a vincularse con otras especies no es exclusiva de los seres humanos.
Tras analizar 427 casos de interacción social entre 88 especies de primates y 127 especies asociadas, el equipo científico determinó que estos comportamientos no son aislados, sino patrones extendidos en la naturaleza. Los datos destacan que en el 66% de las interacciones fueron los primates quienes tomaron la iniciativa de acercarse a otros animales para jugar o acicalarse.
«Nuestro estudio demuestra que muchos primates muestran una notable curiosidad, tolerancia e incluso cuidado hacia animales de otras especies», explicó Cyril C. Grueter, investigador de la Escuela de Antropología y Etnografía de Museos de la Universidad de Oxford. Aunque matiza que estos comportamientos no equivalen estrictamente a la domesticación moderna, el experto señala que «podrían representar los pilares evolutivos de los que surgió la relación de compañerismo entre humanos y animales».
Este hallazgo aporta nueva luz sobre la evolución de la empatía y la flexibilidad social, confirmando que la convivencia y el afecto por los animales en nuestro entorno es una parte fundamental de la herencia biológica que compartimos con el resto de los primates.
Con información de Caraota Digital
Foto Cortesía Pixel-









