No hace falta vivir un accïdente, una vïôlâcïôn o una catástrøfe para sufrïr un traüma. Según las psicólogas Begoña Aznárez y Raquel López Pavón, cualquier experiencia que impacta emocionalmente y que no puede compartirse puede transformarse en una herïda traümática. “El silencio y la falta de acompañamiento son los verdaderos responsables de que una vivencia dolorosa se convierta en traüma”, coinciden ambas expertas, al mismo tiempo que advierten: el cuerpo siempre lleva la cuenta, aunque la mente lo oculte.
Afirma, además, que el “traüma psíquico es universal y todo el mundo süfre, de una u otra manera sus consecuencias”, reconociendo que, efectivamente, todos tenemos la experiencia de haber vivido acontecimientos que nos han impactado y que no han podido ser compartidos con otros, algo que ayudaría a legitimar y a etiquetar lo sucedido.
De hecho, sostiene que se pueden dar síntomas somatizaciones como la dermâtitis, o cefalëas, problemas con la regla, gastritis, el síndrome del intestino irritable, dificultades para el sueño, para la atención y la concentración, bajo rendimiento a nivel cognitivo, pesadïllas frecuentes, ansïedad, ánimo deprïmido, entre otros.
Las especialistas aseguran que “nunca es tarde sanar un traüma» y “nunca hay que rendirse en este sentido”: “Si sigues buscando respuestas y vives un malestar, si estás dispuesto a trabajar y a asumir el dôlor de hurgar en las herïdas, naturalmente conseguirás resultados”. “No todos los traümas son iguales y los hay de menor y de mayor magnitud. El traüma tiene solución en la gran mayoría de los casos a través de terapia especializada y dependiendo del caso puede requerir a corto plazo apoyo farmacológico”, concluye.
Con información de: El Portal de la Salud









