El cambio de ciclo anual trae consigo una dualidad emocional que va más allá de las celebraciones convencionales. Según especialistas, las fiestas de fin de año representan un momento significativo donde la alegría por lo que comienza y la tristêza por lo que termina se entrelazan de forma inevitable.

Para Mirta Goldstein, presidenta de la Asociación Psicoanalítica Argentina, este periodo marca un cierre vital que puede ser estimulänte pero también melancólico, especialmente para quienes atraviesan søledades impuestas por circunstancias de la vida, como la distancia familiar o la pérdida de seres queridos.

Frente a la estructura tradicional de los festejos, surge el fênómeno de la søledad elegida como una respuesta a la felicidad øbligada que impøne la sociedad. La psicoanalista Alicia Killner destaca que muchas personas optan por aislarse para evitar la prêsión del cønsumo excesivo y la excitäción førzada que rodea a estas fechas.

Esta decisión, lejos de ser un cliché, permite a los individuos resolver la ängustia de las fiestas a su propia manera, cuestionando el mandato social de que la fecha exige compañía, incluso si esta es indeseable. Finalmente, los expertos coinciden en que no existe una única forma válida de transitar la medianoche del 31 de diciembre.

El doctor Juan Eduardo Tesone subraya que el aislämiento puede funcionar como un espacio de recogimiento y reflexión personal, diferenciándose claramente de la søledad melancólica no deseada.

Con información de: Medios Internacionales
Foto: Gemini/IA

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