«Nunca repetiremos la tragëdia de la güerra. Nunca nos equivocaremos de camino», dijo el primer ministro japonés, Shigeru Ishiba. «Una vez más, debemos guardar profundamente en nuestros corazones el remordimiento y la lección de aquella güerra».

Ishiba, señalando que la mayoría de la población japonesa nacida en la posguerra «no conoce la güerra», se comprometió a transmitir «el recuerdo de la tragëdia de la güerra y la determinación de no hacerla a través de las generaciones y a ceñirse a las acciones encaminadas a lograr una paz duradera».

Alrededor de 4.500 funcionarios y familiares guardaron un minuto de silencio a mediodía en la sala Budokan de Tokio, mientras el país rendía homenaje a los más de tres millones de muêrtôs en la güerra, en medio de una creciente preocupación por el desvanecimiento de los recuerdos de la güerra.

Mientras tanto, docenas de políticos de derechas japoneses y sus partidarios acudieron a rezar al cercano santuario de Yasukuni, entre ellos Shinjiro Koizumi, ministro de Agricultura, considerado uno de los principales candidatos para sustituir al asediado primer ministro.

Desde 2013, los primeros ministros japoneses han dejado de pedir perdón a las víctimas de sus fuerzas en la Segunda Guerra Mundial, bajo el precedente sentado por Shinzo Abe. La negación por parte de algunos legisladores del papel militar de Japón en la müêrte masiva de civiles en Okinawa o en la masâcre de Nankín también ha suscitado polémica en el pasado.

Con información de: Medios Internacionales

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