Durante siglos, el corset fue sinónimo de control corporal. Popularizado en Europa desde el Renacimiento, consolidado en la era victoriana y resignificado en el siglo XX, pasó de ser un símbolo de represión física a una herramienta de expresión escénica.

Hoy, el corset regresa con fuerza, pero no como una pieza única ni homogénea. Se expresa en vestidos estructurados, tops que imitan su silueta o prendas híbridas que combinan formas clásicas con materiales flexibles. Esta nueva etapa no está liderada solo por las pasarelas, sino por las celebridades que, desde la música o la televisión, lo integran en narrativas visuales propias.

El corset en este caso no está oculto: estructura, define y aporta dramatismo a una imagen cuidada al detalle. El regreso del corset no responde a una única tendencia. Algunas figuras lo resignifican en clave pop, otras lo suavizan, otras lo llevan al extremo. Pero todas coinciden en un punto: la prenda ya no está confinada al pasado.

Hoy, el corset se usa con intención estética o con potencia escénica. Es un recurso visual que permite narrar distintas versiones del cuerpo y de la imagen pública.

Con información de: La Vanguardia

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