ara muchos, el nombre «Bariloche» evoca recuerdos de infancia y el sabor auténtico del helado artesanal. Lo que nació como un emprendimiento familiar en 1982, se convirtió en un referente de la heladería en Argentina, especialmente en la provincia de Córdoba.

La historia de Bariloche es la de una pasión por el helado que se transmitió de generación en generación. Su fundador, Juan Carlos Oddo, sentó las bases de lo que se convertiría en un ícono de la ciudad. Con el tiempo, su legado fue continuado por su hijo Martín, quien no solo mantuvo la esencia, sino que también impulsó una renovación.

De Bariloche a Barilatte: una evolución con el mismo sabor

Recientemente, la marca dio un paso importante al relanzarse bajo el nombre de Barilatte. Este cambio no solo buscó modernizar la imagen, sino también consolidar la empresa para su expansión, ya que la marca original no estaba registrada. El nuevo nombre conserva la esencia del anterior y añade la palabra «latte» (leche en italiano), un guiño a la materia prima fundamental de sus cremas heladas.

A pesar del cambio de nombre, la empresa asegura que la calidad y el sabor genuino de sus productos siguen intactos. «Si decimos que es un helado de frutilla, tiene frutilla», es su lema, destacando el uso de ingredientes reales y la tradición que los caracteriza.

Más allá de la identidad, Barilatte ha ampliado su oferta para incluir cafetería y una carta renovada de sabores, adaptándose a las nuevas tendencias sin perder su conexión con la historia. Con más de 40 años de trayectoria, la heladería que todos conocían como Bariloche continúa escribiendo su historia, ofreciendo un viaje al sabor que se mantiene vivo en la memoria de sus clientes.

Fotografía de: @bariloche3r

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