Antes de aplicar el esmalte de uñas, algunas personas recurren a un paso poco convencional pero cada vez más popular: pasar vinagre sobre la uña natural. Este hábito, que se ha extendido tanto en manicuras caseras como profesionales, responde a razones prácticas relacionadas con la durabilidad y el acabado del esmalte.

Especialistas en cuidado de uñas señalan que el vinagre ayuda a eliminar restos de grasa, humedad o productos cosméticos que permanecen en la superficie de la uña y que pueden interferir con la correcta fijación del esmalte. Al dejar la uña completamente limpia, el color se adhiere mejor y se reduce la posibilidad de que se descascare en poco tiempo.

Otro factor clave es la acción del ácido acético presente en el vinagre, el cual contribuye a equilibrar el pH de la uña. Este ajuste crea una superficie más estable para la aplicación del esmalte, favoreciendo un acabado más uniforme y una mayor resistencia al desgaste diario.

Además de mejorar la adherencia, el vinagre también actúa como un desinfectante suave, ayudando a reducir la presencia de microorganismos en la uña antes del esmaltado. Este aspecto resulta especialmente valorado en procesos de manicura, donde la higiene es fundamental para evitar infecciones o deterioro de la uña natural.

Aunque su uso no sustituye productos profesionales como las bases selladoras, el vinagre se ha consolidado como un truco complementario y económico dentro del cuidado estético de las uñas. Expertos recomiendan aplicarlo con moderación, ya que un uso excesivo podría resecar la uña, afectando su salud a largo plazo.

Con información de: Nación

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