La tradicional representación de la Pasión de Cristo en Iztapalapa, una de las manifestaciones religiosas más emblemáticas de Mexico, ha dado un paso histórico al ser reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Este logro eleva una celebración profundamente arraigada en la comunidad a una dimensión global, destacando su valor cultural, social y espiritual.

Con casi dos siglos de historia, esta representación se realiza cada Semana Santa y alcanza su punto culminante el Viernes Santo, cuando miles de personas recorren las calles de los ocho barrios de Iztapalapa hasta llegar al Cerro de la Estrella, donde se escenifica la crucifixión. La magnitud del evento lo convierte en uno de los viacrucis más grandes del mundo.

La organización del evento implica a toda la comunidad, con cientos de actores voluntarios que se preparan durante semanas para dar vida a los personajes bíblicos. En 2026, la representación alcanzó su edición número 183, reflejando una tradición que ha pasado de generación en generación y que sigue evolucionando sin perder su esencia.

Más allá de lo religioso, esta puesta en escena representa un acto colectivo de identidad y pertenencia. Familias enteras participan en su organización, mientras nuevas generaciones se integran a través de roles artísticos, logísticos y hasta digitales, incorporando herramientas modernas como la transmisión en redes sociales.

Con información de: El País

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