Viajar a la playa es más que un simple gusto, es una inversión en nuestra salud mëntal y física. Estudios recientes confirman los profundos beneficios de estas escapadas. Por ejemplo, una investigación de 2025 en la que participaron 174 personas mostró que un viaje de dos semanas a la costa redujo el malestar psicológico de forma significativa. Lo más notable es que este efecto positivo perduró incluso un mes después del regreso, según se evaluó con el cuestionario clínico GHQ-12. El simple acto de desconectarse de la rutina y sumergirse en un entorno natural como el de la playa tiene un impacto directo en nuestro bienestar.
El estrés crónico, un problema de salud pública, puede debilitar el sistema inmunológico y aumentar el riesgø de enfermëdades cardiovascülares al elevar los niveles de cortisol. Sin embargo, tomarse un respiro en la playa puede ser un excelente antídoto. La revista Journal of Travel Research afirma que las personas que se toman vacaciones al menos una vez al año reportan menos ansiëdad, duermen mejor y se enferman con menos frecuencia.
Además, la Clínica Cleveland ha señalado que las vacaciones pueden disminuir el riesgø de enfermëdades del corazón en un 30%, beneficios que la playa potencia al ofrecer un entorno ideal para el descanso y la recreación al aire libre.
Más allá de la salud mëntal, viajar contribuye a la longevidad. Una investigación de la Universidad Edith Cowan en Australia encontró que las personas mayores que viajan tienen mejores funciones cognitivas y físicas.
Esto se debe a que viajar fomenta la actividad física, reduce el aislamiento y proporciona un valioso estímulo mental. Al combinar la tranquilidad de la costa con la oportunidad de socializar y mantenerse activo, unas vacaciones en la playa se convierten en una de las formas más completas de autocuidado, ayudando a vivir más y mejor.
La neurociencia nos da una explicación fascinante del «efecto playa». El color azul, omnipresente en el océano, tiene un impacto calmante en el cerebro. El sonido rítmico de las olas es particularmente efectivo; similar a una meditación, ayuda a disminuir la actividad del sistema nervioso simpático, que es responsable de la respuesta de «lucha o huida». Por ello, el ambiente de la playa no solo nos relaja conscientemente, sino que también produce una relajación a nivel fisiológico, confirmando que el mar es una poderosa herramienta para el bienestar.
Con información de: Q’Pasa









