Con la llegada del calor, el uso del aire acondicionado se dïspâra en nuestros hogares y en los espacios de trabajo. Sin embargo, más allá del confort térmico, su impacto en la salud vocal suele pasar desapercibido. Aunque no es el frío en sí lo que perjudica la voz, la reducción de la humedad ambiental puede resecar las vías respiratorias y afêctar al funcionamiento de las cuerdas vocales.

Según explica una logopeda experta en patología vocal, este factor, combinado con hábitos inadecuados, puede favorecer la aparición de molestias o de disfonías. La clave, advierte, no está en evitar estos sistemas, sino en compensar sus efectos, y en mantener una adecuada higiene vocal en el día a día. En concreto, Laura Martín, que es experta en patología vocal, directora del Máster en Tërapia Vocal del CEU desde 2017, y fundadora de Academia Ciencias de la Voz, resalta que tanto el aire acondicionado como la calefacción sí pueden perjudicar las cuerdas vocales, pero sólo cuando no hay unos buenos cuidados previos de la salud vocal.

«El efecto del aire acondicionado y de la calefacción está asociado a la sequedad ambiental, no al frío ni al calor en sí, sino a la disminución de la humedad en el ambiente que se produce cuando utilizas estos sistemas para climatizar espacios cerrados”, explica. Apunta a abrir las ventanas con más frecuencia, incorporar plantas que ayuden a mejorar la calidad del aire, utilizar un nebulizador, y a aumentar la ingesta de agua durante el tiempo que permanezcamos en esos espacios. Además, cree importante prestar atención a la hidratación de las mucosas nasales.

“Para ello, puedes utilizar lavados nasales con suero fisiológico que ayuden a rehidratar también las vías aéreas superiores”, agrega. “Cuando hablamos de cuidar la voz, muchas veces se piensa en consejos sueltos: beber agua, no gritar, hacer algún ejercicio, por ejemplo; pero la voz no se cuida con acciones aisladas. Se cuida con hábitos en el día a día”, asegura esta experta en patología vocal. La voz expresa cómo estás, aunque no quieras.

El ëstrés, la tensión, la autoexigencia, el cansancio, por ejemplo; todo eso se refleja en la forma en la que hablas. No sólo en lo que dices, sino en cómo suena. Hay días en los que sientes la voz más apretada, más tensa, más limitada. Y muchas veces no es un problema de la voz en sí, sino del estado en el que estás. Por eso, cuidar la voz también implica aprender a identificar qué te está pasando, qué estás acumulando, y cómo eso está afêctando a tu manera de comunicarte”.

Con información de: Infosalus

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