La tarde de este martes 30 de junio, habitantes del Distrito Capital y el estado La Guaira documentaron y compartieron a través de diversas plataformas digitales imágenes de un inusual cielo teñido de un intenso color rojizo. Ante la curiosidad y preocupación ciudadana, expertos en la materia explicaron que esta condición atmosférica es el resultado de la combinación de factores meteorológicos y la gran cantidad de sedimentos liberados al ambiente tras los fuertes eventos sísmicos registrados el pasado 24 de junio.
El fenómeno óptico responsable de este evento visual se conoce científicamente como dispersión de Rayleigh. Según detallan los especialistas, este efecto se intensificó debido a la alta concentración de partículas en la atmósfera. El polvo y los escombros que permanecen en suspensión actuaron como un filtro natural para la luz solar, bloqueando otros espectros y permitiendo únicamente el paso de las longitudes de onda correspondientes a los tonos rojos y anaranjados.

La ciencia frente a los rumores
Las autoridades científicas enfatizan que este impresionante evento visual es una respuesta física y natural del medio ambiente ante la acumulación de elementos sólidos en el aire. En este sentido, instan a la población a descartar informaciones erróneas que asocian este evento atmosférico con presagios o nuevas señales de alerta, promoviendo en su lugar la comprensión científica de nuestro entorno.

Diferencias con las luces de terremoto (EQL)
Para brindar mayor claridad a la población, los especialistas también diferenciaron este fenómeno de las luces de terremoto (conocidas como EQL, por sus siglas en inglés), las cuales tienen un origen completamente distinto.
Las EQL son un evento geofísico independiente que se produce por la fractura y fricción de rocas con alto contenido de cuarzo bajo la corteza terrestre durante la actividad sísmica. Estas inmensas tensiones tectónicas generan cargas eléctricas que pueden producir luminiscencia o destellos en el cielo, pero ocurren en momentos directamente cercanos a la ruptura del sismo.
En conclusión, mientras las luces de terremoto son descargas electromagnéticas provenientes del subsuelo durante el sismo, el firmamento rojizo de las últimas horas obedece estrictamente a la dispersión de la luz solar a causa del polvo y los escombros suspendidos en la atmósfera post-terremoto.

Con información: VN









