La contÄminación del aire se ha convertido con el pasar de los años en un enËmigo silencioso que amen@za la esperanza de vida de las personas e impacta negativamente en su salud, no solo física, sino también y sobre todo la mental. Así lo señala un estudio científico publicado este lunes por la revista JAMA Network Open, que advierte que respirar partículas finas sueltas en el aire (PM2.5​) perjudica especialmente a los adultos mayores.

La investigación, realizada por un grupo de científicos en EE. UU. y fundamentada en el análisis de datos de 23 millones 696 mil 223 usuarios del programa sanitario estatal Medicare a lo largo de 18 años —de 2000 a 2018—, revela que la salud mental de los adultos mayores de 65 años se agrava y sufren más episodios de deprËsión vinculados a esa causa.

Esto ocurre cuando esas personas quedan expuestas al aire contaminÄdo con tres componentes dañinos: el sulfato, el carbono elemental y el polvo del suelo, que son particularmente nocivos para la salud mental, especialmente en personas con enfermed@des previas como diabËtes, alzhéimer, demencia, hipertensión, insuficiencia cardíaca, afecciones pulmonares o que han sufridÖ derr@mes cerebrales, debido a que su exposición a las PM2.5 amplifica el efecto negativo de la contaminación.

La investigación también revela que el riesgo de deprësión en los adultos mayores varía según el elemento tóxico que contenga el aire. Por ejemplo, si el mayor componente son sustancias de sulfato (SO42−​), el riesgÖ de deprËsión aumenta hasta 5 por ciento cuando existe una exposición prolongada.

Otros factores que inciden

Según el estudio, 96,6 por ciento de las personas analizadas que desarrollaron deprËsión tenían al menos una comorbilidad previa, donde la hipËrtensión fue la más frecuente, con una incidencia de 91,5 por ciento.

Además, la investigación abordó la relación entre la vulnerabilidad de las personas y su realidad social, género y situación ambiental durante las últimas dos décadas. Al respecto, detalla que de los cinco millones 544 mil 678 casos de deprËsión registrados, 63,7 por ciento fueron mujeres.

El análisis estadístico revisó también variables como el ingreso familiar promedio, la densidad de población y la elegibilidad para Medicaid, otro programa de salud estatal, y concluyó que la asociación “química-deprËsión” persiste independientemente de la situación económica de las personas.

“Nuestros hallazgos subrayan la necesidad de una regulación más estricta de las emisiones ambientales de PM2.5, en particular las provenientes de la combustión de combustibles fósiles y el tráfico”, se dice en las conclusiones del estudio, al precisar que el sulfato mostró las concentraciones medias más altas en el aire analizado, seguido por el carbono orgánico y el nitrato.

Por ello, los científicos instan a las autoridades a implementar mejores normas para garantizar la calidad del aire. No basta con reducir el polvo, enfatizan, sino que es preciso luchar contra las emisiones de sulfato y carbono, que mezclados actúan como catalizador de trastornos mentales severos.

Con información de: Agencias

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