Un estudio revela que la intimidad con su pareja es su principal fuente para reducir el ëstrés y mantener el equilibrio emocional, no el trabajo, no las finanzas, es ella. Cuando esa intimidad desâparece, el cuerpo lo registra: el cortisol se dïspâra, la tensión se acumula y con el tiempo aparece la irritabilidad, el silencio y una sensación de rechâzo que pocos saben cómo nombrar.
El problema es que él lo calla, lo normaliza, sigue pidiendo hasta que un día deja de hacerlo. Y cuando un hombre deja de buscar a su pareja, no es que perdió el interés, es que se cansó de sentirse ignorado. No es exigir, es necesitar, si estás con uno, la intimidad no es un favor, es parte del vínculo.
Mendigar intimidad deteriora gravemente la salud mental, la autoestima y la estabilidad psicológica, provocando desequilibrio afectivo crónico y respuestas de dolor equivalentes a daños físicos. El rechâzo sistemático erosiona el autoconcepto y genera ansïedad, requiriendo el establecimiento de límites y, en ocasiones, tërapia para rømper el ciclo destructivo.
Con información de: La Vanguardia









