Investigaciones recientes y casos documentados revelan que el desarrollo de vínculos afectivos hacia la inteligencia artificial ha dejado de ser una especulación teórica para convertirse en un fenómeno social concreto.

Un estudio conjunto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universitat Politècnica de Valencia (UPV) analizó las dinámicas emocionales de usuarios con asistentes virtuales, registrando experiencias que van desde citas periódicas hasta bodas simbólicas e intervenciones en la vida cotidiana.

Especialistas en neuropsicología y psicología explican que el cerebro humano activa sus circuitos de recompensa, apego y liberación de neurotransmisores como la dopamina y la oxitocina ante estímulos que percibe como empáticos y atentos, independientemente de si provienen de otra persona.

Al ofrecer una «reciprocidad simulada» mediante atención constante y lenguaje afectivo, las herramientas de IA pueden generar vivencias emocionales genuinas en los usuarios, aun cuando los sistemas carezcan de sensibilidad o estados afectivos reales.

Sin embargo, expertos en conducta y privacidad advierten sobre los riesgös asociados a este tipo de relaciones. Entre ellos destacan la posible dependencia emocional derivada de la ausencia de conflicto, el aislamiento de los vínculos interpersonales humanos y la exposición involuntaria de datos personales altamente sensibles tales como salud, vivencias privadas o traumas en plataformas digitales comerciales.

Foto cortesía Envato

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