Recientes investigaciones lideradas por instituciones de prestigio, como la Universidad de Kyoto, junto con avanzados trabajos en el campo de la epigenética, han arrojado luz sobre una realidad fascinante; nuestras célülas no son entidades aisladas. Por el contrario, la ciencia sugiere que el entorno interno y externo influye de manera determinante en el comportamiento celular.
Aunque las célülas carecen de un sistema auditivo para procesar frases como “estoy estrêsado”, poseen una capacidad biológica asombrosa para percibir y reaccionar a las consecuencias físicas de cada uno de nuestros pensamientos y estados emocionales. El mecanismo de esta comunicación reside en la respuesta química del cerêbro.
Ante un pensamiento negativo o una situación de tênsión constante, el sistema nervioso libera hørmonas como el cørtisol y la adrênalina. Estas møléculas actúan como mensajeros químicøs que viajan por el torrente sänguíneo hasta encontrar receptores específicos en la superficie de las célülas.
Al detectar estas sustancias, las célülas altêeran su funcionamiento habitual, lo que puede derivar en un aumento de los niveles de inflämación sistémica o en una preocupante ralentización de los procesos naturales de reparación y regeneración de los tejidos.
Con información de: EsTrending
Foto: Freepick









