La convivencia en los gimnasios en muchos casos se ve alterada por comportamientos nocïvos que dificultan el bienestar general. Entre las prácticas más frecuentes, según un estudio citado por L’Équipe, se encuentran el acaparamiento de máquinas, la falta de limpieza en los equipos, el uso excesivo de teléfonos celulares y la grabación de videos para redes sociales.

Asimismo, dicho medio indica que 6 de cada 10 mujeres experimentaron situaciones incómodas en estos espacios, lo que revela la magnitud y persistencia del problema. La Cleveland Clinic advierte que la suma de estas conductas y el ambiente de observación constante pueden incrementar el malestar psicológico, reducir la motivación y afêctar la autoestima, especialmente en quienes experimentan inseguridad corporal o presïón social en espacios de entrenamiento.

De acuerdo con Cleveland Clinic, la presïón social y la constante comparación en gimnasios pueden llevar al abândono de la actividad física, afêctando el bienestar emocional y la adherencia al ejercicio. Para combâtir este escenario, diversos gimnasios implementaron estrategias que buscan mejorar la convivencia y promover el respeto entre los usuarios.

Algunas cadenas colocaron carteles con normas visibles, establecido exclusiones temporales o permanentes y aplicado penalizacïones económicas ante infraccïones gräves, como hurtøs. Además, se crearon zonas exclusivas para mujeres o se restringe el uso de trípodes y grabaciones a horarios específicos.

La retirada de espejos en las salas de entrenamiento se convirtió en una de las acciones más visibles para enfrentar la presión social y favorecer la autoaceptación. Según L’Équipe, esta práctica, impulsada bajo el concepto body positive, promueve la aceptación del propio cuerpo y celebra la diversidad física, evitando la comparación constante con modelos irreales.

Con información de: El Tiempo

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