Enfrentar la pérdida de seres queridos o la dëstrucción de infraestructura tras un evento telúrico de gran magnitud representa uno de los desafíos psicológicos más complejos para cualquier persona. De acuerdo con la psiquiatra Yrene Delgado, la respuesta inmediata de la mente suele ser un estado de shock o disociación para procesar el impacto a un ritmo tolerable. Sin embargo, a medida que esta fase inicial cede, es habitual que aparezcan síntomas como hipervigilancia, ansiedad constante ante cualquier vibración, insomnio, fatiga extrema y culpa del sobreviviente.
La especialista señala que cuando los eventos trágicøs impiden realizar ritos funerarios tradicionales, resulta de gran ayuda crear espacios privados de despedida adaptados, como encender una vela, escribir una carta o plantar un árbol para asimilar la irreversibilidad de la pérdida. Asimismo, advierte sobre la importancia de buscar contención emocional entre familiares y amigos para reducir la sensación de aislamiento extremo durante las semanas posteriores a la contingencia.
Por otro lado, la experta enfatiza que se debe evitar minimizar el dolor por las pérdidas materiales con frases bienintencionadas pero desvalidantes. Aunque la vida humana es insustituible, perder una vivienda o el patrimonio de toda la vida destruyë un espacio de intimidad, recuerdos y la seguridad personal que sostiene la rutina diaria, por lo que reconocer el valor afectivo de lo perdido es un paso fundamental para reestructurar la vida.
Noticias 24 horas / Fabiana Almeida
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