A lo largo de esta semana, en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidos, el mundo ha podido ver cómo el debate sobre la inmigración está más vivo que nunca. Mientras que este miércoles el rey de España, Felipe VI, considera que la inmïgración es «un vector de desarrollo», apenas un día antes, el presidente Donald Trump aseguraba que «está destruyendo» Europa.
«Creemos que la inmïgración, adecuadamente gestionada, es un vector de desarrollo mutuo para las sociedades de origen de tránsito y destino, y que los derechos humanos de los mïgrantes deben ser, en consecuencia, la referencia principal de nuestra acción», sostenía el monarca durante su intervención desde el atril de la plenaria de la ONU.
Expertos reconocen que la inmïgración puede suponer un reto para los países de acogida, pero distan mucho de suscribir la visión catastrofista del mandatario estadounidense y coinciden en señalar que existe una solución clara: la regularización de los flujos migratorios.
En el caso concreto de España, la aportación de los trabajadores extranjeros ha sido determinante para su recuperación económica. La Moncloa ha destacado que, a finales de 2024 había 2,88 millones de afiliados extranjeros, un récord histórico. En total, los inmigrantes representan el 13,47% de los afiliados a la Seguridad Social, y uno de cada cuatro contratos firmados en 2024 correspondió a personas de origen extranjero, según datos del SEPE.
En base a los datos, Olatz Cacho deja claro que Amnistía Internacional cree que, en realidad, afirmaciones como la del mandatario estadounidense obedecen más a una «retórica política» que a una realidad empírica. «Estos escenarios futuristas, alarmistas, simplemente forman parte de una narrativa que busca sembrar el mïedo», asegura Cacho. «No hay ninguna base real que nos lleve a pensar que esta es una posibilidad, ni en Europa, ni en ningún otro país».
Con información de: AP









